Las escenas revelaban un malestar profundo que llevaba dentro el signo de la violencia.
La conducción de los restos del rey difunto a Saint-Denis tuvo un signo sorprendente.
El joven rey tenía quince años cuando le llegó la noticia de que Retz venía a rendirle homenaje en palacio.
El tercer asunto era el galicanismo, es decir, las relaciones de la Iglesia católica de Francia con el papado y con la Corona.
En este ramillete final de opiniones encontradas que recojo sobre la personalidad del Rey Sol, quiero transmitir un juicio que, como colofón de su libro, redactó el eximio escritor y académico francés Michel Don.A los treinta años, conocía hasta el último detalle la organización militar del reino.La teoría de los «espacios libres» del gran jardinero Le Nótre tenía aquí aplicaciones notables de perspectiva acuática.Saint-Simon, agudo y perverso, decía que su pasado de mujer atractiva y picante se había recubierto con el barniz de la importancia social y de la devoción que se convirtió en su cualidad primordial, siendo necesaria para poder intervenir y manejar la cosa pública.El rey Luis XIV salió al encuentro de su novia desde París con otro no menos importante séquito.El médico de la corte, Bouvard, comunicó el 14 de enero al cardenal Richelieu la feliz noticia.



Se puede afirmar que el espacio arquitectónico de cada uno de los dos conjuntos tan dispares, el español y el francés, refleja la personalidad respectiva de ambos soberanos -bisabuelo y bisnieto- y su diversa manera de entender el papel de rey.
Briancon defendía los Alpes; Perpignan, el Pirineo.
En sus Memorias escribe textualmente estas palabras sobre ese momento: «Comencé a mirar con detalle todos los componentes del Estado, pero no con ojos de indiferencia, sino con visión de soberano.» Sería Mazarino un obstáculo a sus juveniles ambiciones?
El Papa condenó la doctrina de Jansenius utilizando textos conciliares.
Sutilmente fueron todas ellas orientadas a la adulación y endiosamiento del que iba a llamarse, finalmente, el Rey Sol.La Bruyére dice, cautamente, que «un escritor francés y cristiano no puede hacer sátiras, los grandes temas no le están permitidos, se escapa hacia las cosas menudas y se salva haciendo ingenio con la belleza de su estilo.Servían el dîner los tres o cuatro gentilhombres de turno.Finalmente es preciso recordar a otros tres extraordinarios escritores de la época.Los tiempos revueltos de la política francesa interior y exterior de ese período repercutían en el tema de la falta de sucesor directo a la Corona.Colbert cedió a la amante de moda mil doscientos obreros del palacio grande para dar fin a la tarea.Luis XIV le confió además la Marina, le hizo marqués y le ayudó a colocar a sus familiares en los estamentos de la alta nobleza.La divertía actuar en los escenarios del teatro de la corte, en los que declamaba su papel con cierto «aire castellano».Hubo un momento en que se pensó en pedir la declaración de nulidad del matrimonio en Roma.

Los retratos nos lo muestran como un hombre moreno, alto y huesudo, de larga y rizada cabellera oscura, mirada altiva, buenas facciones, bigote atusado en puntas y perilla triangular.
Los reyes tardaron varias horas en alcanzar el palacio del Louvre.
Presenció, visiblemente emocionado, un ejercicio táctico de la tripulación.